Gijón es la ciudad que nos acoge este año, y no la hemos elegido por casualidad: es de esos sitios donde viajar con niños deja de ser una carrera de obstáculos.
Aquí la playa está en pleno centro. La de San Lorenzo se recorre andando desde casi cualquier punto de la ciudad, con el Cerro de Santa Catalina en un extremo y Cimavilla, el viejo barrio de pescadores, subiendo por sus callejuelas. Se hace todo a pie, que con carrito y con peques cansados se agradece más que cualquier folleto.
Y si el tiempo asturiano decide lo contrario, tampoco pasa nada: el Museo del Ferrocarril de Asturias se visita a cubierto, y sus locomotoras de verdad le ganan por goleada a cualquier pantalla. En cuanto escampe, el Jardín Botánico Atlántico son 19 hectáreas con un bosque pensado para ellos, el del Cuélebre, y un laberinto de laurel donde perderse un rato.